domingo, 28 de octubre de 2012

Sobre la "jet set" del sigo XXI.





En mi época del instituto conocí el significado del término "jet set" como el grupo exclusivo de personas altamente adineradas que hacía alarde de su condición públicamente. Sus viajes, sus coches de alta gama, sus maravillosas casas, eran las insignias clásicas de estos miembros y eran envidiables para el resto de los "comunes". Mientras determinados compañeros de clase hacían un viaje por Europa hospedándose en hoteles lujosos, un servidor iba (y sigue yendo) verano tras verano a la isla de Madeira (Portugal) para trabajar en un modesto negocio familiar perteneciente a mis abuelos.

Sin embargo, parece ser que ahora el término "jet set" como yo lo conocí ha quedado bastante desfasado. Me atrevería a modernizar el término según la realidad social que vivimos en nuestros tiempos: "la jet set del sigo XXI". Y todo ello porque este exclusivo grupo de personas son la única beneficiaria de los derechos que le son inherentes al ser humano. La educación pública y la sanidad pública ha perdido ese carácter "cuasi" universal, y su acceso se ha transformado en una exclusividad inaudita y vituperable para los que no somos miembros de ese clan. La reciente subida belicosa de tasas universitarias junto al recorte de beneficiarios de becas demuestra la evidencia que la educación se ha convertido en un derecho aún más exclusivo que el sistema anterior. Y lo mismo ocurre con la sanidad: la desatención continuada de los poderes políticos ha ocasionado la falta de infraestructuras hospitalarias y la falta de personal profesional que atienda a las multitudinarias demandas de nuestra sociedad.

Y por supuesto, no sólo se modifica el término inicial, sino que también las insignias que al principio denominé como clásicas. Las insignias de la "jet set del siglo XXI" ya no son esos vicios caros que muchos de nosotros sólo podíamos observar desde el exterior, sino que se convierte, como dije en el párrafo anterior, en los únicos destinatarios de los derechos sociales que creíamos universales. La crisis económica ha sido el escenario del desembarque ideológico de la derecha para limitar el acceso de la mayoría a las universidades y los hospitales, dejándonos al resto de los "comunes" como los culpables máximos de "vivir por encima de nuestras posibilidades".  Yo siempre me pregunto lo mismo: ¿cuáles son nuestras posibilidades? ¿Acaso poder estudiar en la universidad es algo que no entraba dentro de mis posibilidades sólo porque no pertenezco a ese mínimo club adinerado?

Estoy convencido que todos los que estáis leyendo este artículo de opinión no forman parte de esa "jet set del siglo XXI", y que deseáis tanto como yo que la exclusividad de la educación y de la sanidad se invierta a una universalidad rigurosa cuyos destinatarios seamos el conjunto de la sociedad. ¿Y bien? ¿A qué estamos esperando para cambiarlo?